1 abr. 2004

Óleos de Francisco Orihuela: Evocaciones exaltadas de paisajes remotos o la naturaleza como espectáculo

Francisco Orihuela transporta al lienzo evocaciones espontáneas originadas de una inquietud apasionada por la naturaleza: la infinita paz del cielo, el agua cristalina de un mar en calma, el silencio o el movimiento del viento sobre un panorama costero, brumas fantasmales o atmósferas grises a punto de estallar en tormenta. Así, el pintor convierte a la naturaleza en espectáculo en composiciones que despiertan el sentimiento de lo sublime, al tiempo que reflejan la impotencia del hombre y un sentido de grandeza y de desesperado heroísmo.


Este halo romántico enlaza al artista canario con creadores decimonónicos de la talla de Turner o Friedrich, donde los elementos esenciales del medio ambiente prevalecen sobre todo indicio humano. Unas reminiscencias que no le impiden acercarse, a su vez, -en el procedimiento técnico aunque no temático- a creadores de finales del siglo XX de la calidad expresiva de Rothko y sus campos de color.

Entre sus manchas sienas, ocres, grises y azules, manchas barridas por un amplio y suave caminar de la brocha, es posible apreciar diversidad de tonos escondidos; pues, de repente, sin avisar, aparecen tímidos matices que se consolidan y alcanzan su esplendor en vibrantes y vitalistas crepúsculos, evocadores de algunas obras de Monet, a pesar de que Orihuela huye de la pastosidad de los impresionistas franceses para trabajar con la pintura diluida.

El artista canario ensalza en sus cuadros lo inmenso y estable mediante exiguas tensiones entre la figuración del paisaje y la abstracción atmosférica. Las estelas marinas y nubes cubriendo las costas encuentran su expresión ideal gracias al carácter rítmico y móvil del pincel. Cielo, agua y pequeñas franjas de tierra no poseen formas fijas y compactas sino que se transforman al momento y permanecen en un constante fluir. Por eso, en el conjunto de sus pinturas permanece una fuerza sugestiva: aun cuando se fija la visión en el primer plano, prevalece una especie de mirada unificadora sobre la totalidad de la composición.

Si sus temas rara vez cambian, su variedad plástica proviene, principalmente, de las transformaciones cromáticas y lumínicas, así como de las distintas dimensiones y formatos de sus cuadros. Es característico de su plástica esa obsesión por situar permanentemente la línea -por lo general baja- del horizonte; una horizontalidad que otras veces consigue, simplemente, a través de la elección de un formato alargado.

El hombre frente a la inmensidad

Es raro atisbar en estos vastos escenarios abiertos presencias humanas. Y cuando aparecen, están sumidas en el más absoluto silencio y soledad. Orihuela las representa como minúsculas siluetas. Sus personajes siempre son anónimos y anecdóticos. Quedan convertidos en ridiculas manchas, situadas ante el esplendor y la grandiosidad de la naturaleza.

Y, como sucede al contemplar los cuadros de Friedrich, el espectador dentro del cuadro y el espectador pintado en el cuadro se encuentran en situación análoga, porque en ambos casos el contemplador no es parte de la naturaleza sino que está enfrentado a ella. Y ¿qué siente el solitario individuo representado por Orihuela? ¿Angustia? ¿Soledad? ¿Libertad? ¿Felicidad, al estar inmerso entre tanta belleza? ¿Desolación o asombro? ¿Misterio?

La abundancia de elementos ambiguos de estos cuadros de Francisco Orihuela convive, paradójicamente, con una rigurosa simplificación formal, una síntesis que no merma la riqueza de la experiencia, sino que, por el contrario, la concentra en obras abiertas a la imaginación receptora. Son pinturas nacidas de un continuo viaje iniciático a las imágenes almacenadas en su memoria; un tránsito constante, consecuencia de la búsqueda de la verdad, la paz interior y la inmortalidad, o, tal vez, de un rastreo hacia un centro espiritual.

FUENTE BIBLIOGRÁFICA: MORALES JIMÉNEZ, ELENA. "Óleos de Francisco Orihuela: Evocaciones exaltadas de paisajes remotos o la naturaleza como espectáculo. En: Orihuela. Pintura de paisaje. CajaCanarias. Obra Social y Cultural. La Laguna, abril de 2004.